Cuando se impone el escepticismo sobre la veracidad de títulos académicos o currículos mutantes de ciertos políticos, se hace más reconfortante si cabe la entrega por un centro público de Formación Profesional; en concreto, desde el Centro Integrado de FP Mendizabala de Vitoria-Gasteiz, de las primeras acreditaciones oficiales de Lanbide a personas jóvenes con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental.
Bien es cierto que, aunque disponen de validez en el ámbito de la Administración laboral, se trata solo de acreditaciones o unidades formativas parciales que integran una certificación profesional completa en un ámbito o familia profesional determinada. No obstante, son competencias convalidables y acumulables, lo cual posibilita que este alumnado pueda llegar a obtener con posterioridad un certificado de profesionalidad completo o, incluso, un título oficial de Formación Profesional.
Puede parecer modesto el logro, pero para las personas a las que nos referimos constituyen un verdadero máster: auténtico, demostrable y, por supuesto, presencial.
Se abre por tanto un camino, largamente demandado por las familias, para que el alumnado con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental pueda obtener un nivel profesional básico mediante una formación teórico-practica en aulas de Aprendizaje de Tareas, y de esa manera ir configurando su propio itinerario formativo y profesional.
Entre la población con discapacidad, el colectivo con discapacidad intelectual es el que tradicionalmente menor nivel formativo consigue y, como consecuencia, el que tiene menor acceso al empleo y mayor tasa de paro acumula. Por tanto, se hace perentorio mejorar el nivel formativo de estos jóvenes para reducir las posibles desigualdades y promover mayores oportunidades de acceso al mundo laboral.
Es preciso, asimismo, posibilitar una formación verdaderamente relevante y adaptada a las personas con discapacidad intelectual para que puedan afrontar con garantías de éxito sus propios proyectos profesionales y personales. Es indudable que en este contexto la orientación profesional se constituye en una pieza clave de esos procesos de transición hacia la vida activa.
La entrega de estas acreditaciones, precisamente a las puertas del Día del Trabajo, es un motivo más para concienciar a toda la sociedad sobre la necesidad de evitar cualquier discriminación en el acceso al empleo de la población con discapacidad intelectual. Ha de ser una labor conjunta de todos: alumnado, familias, profesorado, empresas y administración, para que esa puerta que hoy abrimos con indisimulado orgullo pueda franquearse con éxito en el futuro.